3 may. 2010

El arroyo y la montaña



Eres como el agua,
agua que cae en mi cima, refrescándome,
y que según baja por mi ladera,
me desgastas, trazando surcos
que me forman y moldean,
algunos cicatrices, otros admirables cascadas.

Y vas bajando,
y según me acaricias,
tus gotas están más cerca de mi alma,
y yo, henchido de ti,
según te acercas a mi corazón,
tus aguas van bajando más tranquilas.

Caes del cielo de vez en cuando,
pero por siempre aguantas en mi cuerpo y alma.
Me llenas de formas y colores,
unos verdes, otros azul turquesa,
sin tí sería piedra gris y estéril.


Sigues corriendo, juvenilmente risueña y alegre,
y sin embargo cada vez más fuerte y madura,
por esta ya vieja montaña,
que agradece que llenes de vida sus entrañas,
peces y animales,
musgos y árboles.